Bahía de Norton, Alaska, 1925. El hielo cruje bajo el trineo y debajo no hay tierra, sino mar: agua negra bajo una capa de hielo. Si se abre, el hombre, los perros y la carga desaparecen para siempre. Y esa carga es la medicina que esperan los niños de una ciudad aislada. La tormenta ha borrado el camino y el hombre depende de una sola cosa: el perro de doce años que corre delante. Se llamaba Togo, y esta es la historia de por qué casi todos recordamos a Balto.

El documental completo: «Le dieron la estatua al perro EQUIVOCADO».

Las claves de esta historia

Una epidemia en el ÁrticoEn enero de 1925, un brote de difteria amenazaba a los niños de Nome, una ciudad de Alaska aislada por el hielo.
El perro que nadie queríaSu dueño lo regaló de cachorro por pequeño y enfermizo. Doce años después era su perro guía más fiable.
El tramo más largoTogo y Seppala recorrieron unos 420 km, incluido el cruce del mar helado de Norton Sound, y llevaron el suero unos 146.
La fama fue para otroBalto corrió el último relevo y entró en Nome ante los periodistas. Él se llevó la estatua; Togo, el olvido.

Nome, enero de 1925

Nome es una pequeña ciudad de Alaska cerca del círculo polar ártico. En invierno el mar se congela, los barcos dejan de llegar y durante meses la ciudad queda aislada. En enero de 1925, su médico empieza a ver algo que conoce demasiado bien: niños con fiebre, dificultad para respirar y una membrana gris creciendo en la garganta. Es difteria, una enfermedad que mata sobre todo a los niños.

Y Nome tiene otro problema: el antisuero disponible no sirve. Hay nuevas dosis en Anchorage, pero entre Anchorage y Nome hay más de mil kilómetros de Alaska en pleno invierno. El ferrocarril puede llevar el suero hasta Nenana. Después se acaba la vía, y con ese frío volar es demasiado arriesgado. Desde allí solo queda una forma de llegar: los perros.

El perro que nadie quería

Uno de los mejores conductores de perros de Alaska era un inmigrante noruego llamado Leonhard Seppala, y su perro guía se llamaba Togo. Pero Togo estuvo muy cerca de no ser nunca un perro de trineo. De cachorro era pequeño y sufrió una grave infección de garganta. Seppala pensó que no serviría para trabajar con el equipo y lo regaló a una familia como mascota.

Togo duró allí unas semanas: escapó atravesando el cristal de una ventana y regresó a casa de Seppala. Después empezó a perseguir los trineos cada vez que salían, molestando a los otros perros e intentando unirse al equipo, hasta que Seppala acabó enganchándolo. Aquel primer día lo fue adelantando poco a poco en la formación hasta colocarlo junto al perro guía. Togo recorrió más de 120 kilómetros en su primera jornada, y Seppala comprendió que se había equivocado.

La carrera del suero

Para cubrir los más de mil kilómetros entre Nenana y Nome se organizó un enorme relevo de trineos: cada equipo entregaba el paquete al siguiente. Participaron más de veinte conductores y unos ciento cincuenta perros. A Seppala le tocó una misión especialmente difícil: salir de Nome hacia el este para encontrarse con el suero y regresar con él. Para ir delante eligió a Togo, que tenía doce años, porque confiaba en él más que en ningún otro.

Lo que Seppala no sabía es que, mientras avanzaba hacia el este, el plan cambió. Se añadieron nuevos equipos para acelerar el relevo, y en aquella inmensidad helada no había forma de avisarle. Seguía avanzando hacia un encuentro que ya no estaba donde creía.

El encuentro cerca de Shaktoolik

Tras varios días de marcha, cerca de Shaktoolik y en mitad del temporal, otro trineo apareció en dirección contraria. Lo conducía Henry Ivanoff y llevaba algo que Seppala no esperaba encontrar todavía: el suero. Los dos equipos estuvieron a punto de cruzarse sin verse, pero Ivanoff reconoció a Seppala y consiguió detenerlo. El paquete cambió de manos.

Seppala tenía que volver, y delante tenía una decisión: seguir una ruta más larga por la costa o atravesar directamente Norton Sound, una enorme extensión de mar congelado. La ruta era mucho más corta. También podía matarlos. Cada hora importaba, y Seppala eligió el hielo.

Norton Sound: cruzar el mar helado

Noche, treinta y cuatro grados bajo cero y un viento que corta la piel. El peligro no era solo caer por una grieta: el viento podía fracturar grandes placas de hielo, separarlas de la costa y arrastrarlas mar adentro. En la oscuridad había momentos en los que Seppala no distinguía el camino. Togo iba delante, buscando la ruta, evitando las zonas peligrosas y manteniendo al equipo en marcha.

Alcanzaron tierra firme. Según los relatos de la carrera, pocas horas después el hielo que acababan de cruzar se partió y se adentró en el mar. Cuando por fin entregaron el suero al siguiente relevo, Togo y Seppala habían recorrido unos 420 kilómetros desde que salieron de Nome, unos 146 de ellos transportando el antisuero. Togo estaba agotado. Su parte de la carrera había terminado, pero el suero aún no había llegado a Nome.

Balto y el último relevo

El antisuero siguió avanzando hasta el último equipo, conducido por Gunnar Kaasen. Delante corría un husky oscuro que también procedía de los perros de Seppala: Balto. Kaasen y sus perros recorrieron el último tramo, unos 85 kilómetros, también en condiciones terribles, y en la madrugada del 2 de febrero de 1925 entraron en Nome. La carrera había durado menos de seis días y los médicos tenían por fin el antisuero para frenar el brote.

Pero los periodistas que esperaban en Nome vieron una sola imagen: un hombre, un trineo y, delante, un perro. Balto.

Cómo se construye un héroe

Balto se convirtió en una celebridad. Su fotografía apareció en los periódicos, viajó por Estados Unidos y participó en una película sobre la carrera. Diez meses después, Nueva York inauguró una estatua en su honor en Central Park, y Balto, todavía vivo, estuvo allí para verla.

Togo había recorrido el trayecto total más largo, había atravesado algunos de los tramos más peligrosos y había transportado el suero durante más kilómetros que el equipo de Balto. Pero no había llegado a Nome: no había periodistas esperando cuando terminó su relevo ni una fotografía perfecta de la llegada. Así, una operación colectiva de toda una cadena de hombres y perros acabó teniendo un solo rostro. Seppala nunca estuvo cómodo con aquello: para él, el gran perro de aquella carrera había sido Togo.

Lo que pasó después

La fama tampoco protegió a Balto. Tras la celebración, él y varios de sus compañeros fueron vendidos y acabaron en espectáculos ambulantes. En 1927, un empresario de Cleveland llamado George Kimble los encontró exhibidos en malas condiciones en un local de Los Ángeles. Para comprarlos necesitaba dinero, y Cleveland respondió: en pocos días sus ciudadanos reunieron los fondos. Balto pasó el resto de su vida en el zoológico de Cleveland y murió en 1933.

Togo no volvió a correr una carrera como aquella. Pasó sus últimos años lejos de Alaska, en Maine, y murió en diciembre de 1929, con dieciséis años. Seppala nunca olvidó al perro que había intentado regalar: años después escribió sobre él y dejó una frase que resumía toda una vida corriendo juntos. Con el tiempo, su historia fue recuperando terreno. Su cuerpo preservado regresó a Alaska y hoy se conserva en la sede de la Iditarod, y en 2001 Nueva York le dedicó también una estatua.

Como Hachiko, Togo es la prueba de que la lealtad de un animal puede cambiar una historia. Y como Cher Ami, su hazaña formó parte de una cadena en la que muchos arriesgaron la vida y solo uno se quedó con el nombre.

Nunca había tenido un perro mejor que Togo. — Leonhard Seppala

Cronología

  1. 1913Nace Togo, en las perreras de Leonhard Seppala en Alaska.
  2. Enero de 1925Se declara un brote de difteria en Nome. El antisuero de la ciudad no sirve.
  3. 27 de enero de 1925El suero llega en tren a Nenana y arranca el relevo de trineos.
  4. Finales de enero de 1925Seppala y Togo reciben el suero de Henry Ivanoff cerca de Shaktoolik y cruzan Norton Sound.
  5. 2 de febrero de 1925Gunnar Kaasen y Balto entran en Nome con el suero.
  6. Diciembre de 1925Se inaugura la estatua de Balto en Central Park, Nueva York.
  7. 1927Cleveland reúne fondos para rescatar a Balto y sus compañeros de un espectáculo en Los Ángeles.
  8. Diciembre de 1929Togo muere en Maine, a los dieciséis años.
  9. 1933Muere Balto en el zoológico de Cleveland.
  10. 2001Nueva York inaugura una estatua dedicada a Togo.

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Preguntas frecuentes

¿Quién fue Togo?

Togo fue el perro guía del conductor de trineos noruego Leonhard Seppala. En 1925, con doce años, lideró a su equipo en el tramo más largo y peligroso de la carrera del suero contra la difteria en Nome (Alaska).

¿Qué fue la carrera del suero a Nome?

Fue un relevo de trineos organizado en enero y febrero de 1925 para llevar antisuero contra la difteria desde Nenana hasta Nome, a más de mil kilómetros. Participaron más de veinte conductores y unos ciento cincuenta perros, y el suero llegó en menos de seis días.

¿Por qué es más famoso Balto que Togo?

Balto guiaba el último equipo, el de Gunnar Kaasen, y fue el que entró en Nome ante los periodistas el 2 de febrero de 1925. Togo recorrió unos 420 km y llevó el suero unos 146, frente a los unos 85 del último relevo, pero terminó su parte lejos de las cámaras.

¿Qué pasó con Togo después de la carrera?

No volvió a correr una carrera como aquella. Pasó sus últimos años en Maine y murió en diciembre de 1929, con dieciséis años. Su cuerpo preservado se conserva hoy en la sede de la Iditarod, en Alaska.

¿Tiene Togo una estatua?

Sí. Balto tiene la suya en Central Park desde 1925, y en 2001 Nueva York inauguró también una estatua dedicada a Togo.

Fuentes y bibliografía

  • Gay Salisbury y Laney Salisbury, The Cruelest Miles: The Heroic Story of Dogs and Men in a Race Against an Epidemic
  • Elizabeth M. Ricker, Seppala: Alaskan Dog Driver
  • Iditarod Trail Committee: historia de la carrera del suero de 1925 y exposición de Togo en Wasilla
  • Cleveland Museum of Natural History: colección y documentación de Balto

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